Cuando la
población estudiantil eclosionaba en la década de 1960 y las frustraciones de
los universitarios crecían, el éxito repentino e inesperado de la Revolución Cubana, así como la
fragmentación del comunismo internacional, captaron rápidamente su atención e
imaginación. Estos sucesos quebraron
también a la vieja izquierda, que comenzó a dividirse en una serie de nuevos partidos revolucionarios que
abrazaban diversas ideologías y programas, desde el maoísmo al castrismo.
Por ejemplo, tras la ruptura chino -
soviética, el Partido Comunista del
Perú (PCP) se dividió y la mayor parte de su ala joven abandonó la égida de
Moscú para formar el PCP Bandera Roja,
de orientación maoísta. Bandera Roja volvió a dividirse, formando el grueso
de sus integrantes el PCP Patria Roja,
en tanto que quienes permanecieron en él se aliaron con los comunistas
albaneses. Por último, un tercer grupo, situado en Ayacucho, formó el PCP Sendero Luminoso que abrazaba una
versión fundamentalista del maoísmo.
Entretanto, el ala izquierda del APRA, frustrada por
el giro de Haya hacia la derecha e inspirada por la Revolución Cubana, rompió
con el partido en 1960 y formó el APRA
rebelde, que posteriormente se convirtió en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Su líder era Luis de la Puente Uceda, el hijo de un
hacendado trujillano y un pariente lejano de Haya de la Torre, que había sido
un miembro militante y dinámico del movimiento de las Juventudes Apristas. De la Puente viajó a La Habana poco
después de que Castro llegara al poder en 1959 para asistir a una conferencia y
según Manrique (1995; 305), allí conoció a Hilda Gadea, una ex-dirigente de las
juventudes apristas que se había
casado con el Che Guevara. A su regreso
al Perú, se graduó en Derecho en la Universidad de Trujillo, con una tesis
titulada La Reforma del Agro Peruano (1966).
Pronto, él y
sus camaradas del MIR estaban listos
para emprender un movimiento guerrillero mediante el cual probarían la teoría
insurreccional del foco, desarrollada a partir de la experiencia de Castro en
la Sierra Maestra. Este planteamiento,
expuesto en 1960 por el Che Guevara, contradecía la ortodoxia comunista largo
tiempo defendida, afirmando que «no
siempre es necesario esperar hasta que existan todas las condiciones para la
revolución; el foco insurreccional puede crearlas» (citado en Gott 1971:
381); esto es, una pequeña vanguardia guerrillera puede ganarse el respaldo de
los campesinos en un área aislada y desde allí iniciar una guerra revolucionaria
exitosa.
En 1965, De la Puente y el MIR establecieron su
cuartel general en la meseta de Mesa Pelada, en la cordillera oriental de los
Andes, cerca del Cusco y no lejos de La Convención, uniéndoseles otros jefes
guerrilleros para planear las operaciones conjuntas de otros dos grupos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN),
fundado por Héctor Béjar y con vínculos con el PCP, y Túpac Amaru, una
facción del MIR dirigida por Guillermo Lobatón.
Dos años antes, el ELN había enviado un pequeño grupo de jóvenes
intelectuales que retornaban a Cuba
para que ayudaran a Hugo Blanco en La Convención. El destacamento incluía a Javier Heraud, un poeta laureado de 21
años de edad, proveniente de una familia limeña de clase alta. Cruzando la
frontera desde Bolivia, el puñado de aspirantes a revolucionarios arribó el 15
de mayo a Puerto Maldonado, en Madre de Dios, pero fueron detectados
rápidamente por las autoridades y arrestados. Heraud y un compañero lograron
huir, pero fueron capturados y muertos
al día siguiente por una cuadrilla de policías y terratenientes locales.
Desafortunadamente
para los «foquistas» peruanos de Mesa Pelada, las fuerzas armadas peruanas estaban más que preparadas para hacer
frente al inminente desafío guerrillero. Las tácticas de contrainsurgencia no
eran nada nuevo para el Ejército y se remontaban a la influencia de las
misiones de entrenamiento francesas
anteriores a la Segunda Guerra Mundial, que prepararon a los oficiales a partir
de sus propias experiencias coloniales. Las Fuerzas Armadas aprovecharon esa
preparación cuando reaccionaron rápidamente a la victoria guerrillera de Castro
en 1959. Además del entrenamiento
antisubversivo desarrollado en la Escuela
Superior de Guerra y en el Centro de
Altos Estudios Militares (CAEM), se envió a oficiales a la Escuela de las Américas de los EE.UU.
en la zona del Canal de Panamá, así como al Army Special Warfare Center and School (Centro y Escuela del Ejército
de Guerra Especial) en Fort Bragg, Carolina del Norte. De hecho, entre 1949
y 1964; 805 oficiales peruanos fueron preparados en la Escuela de las Américas
que, después de 1960, se orientó cada vez a las tácticas de
contrainsurgencia. Según Masterson (1991
: 212), a comienzos de la década de 1960, existía dentro del Ejército una unidad
de contrainsurgencia plenamente equipada y lista para responder al brote
guerrillero dirigido por De la Puente.
Así, cuando las guerrillas efectuaron su primera
acción en junio de 1965, las fuerzas armadas reaccionaron rápida y eficazmente
al reto. En 6 meses, los tres focos guerrilleros habían sido derrotados en
una masiva campaña que costó la vida no sólo a De la Puente y a Lobatón, sino
también a más de 8000 campesinos indios, víctimas de estos
enfrentamientos. La derrota de la insurgencia
tuvo tanto que ver con las severas debilidades de las guerrillas, como con la
capacidad contrainsurgente de las Fuerzas Armadas.

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